EL SIGNO



Un día, al entrar en el Club de Billar a la hora del almuerzo, me di cuenta en seguida de que la conversación era un poco más profunda que de ordinario. De hecho se discutía acerca de la transmigración de las almas. Los socios eran hombres acostumbrados a hablar de temas muy variados, desde el precio de más de una mercancía en la bolsa de valores al mejor lugar para comprar ostras; sin embargo, las complejidades de la vida futura de un brahmán quedaban un poco fuera de su alcance.
Una mirada a Jorkens me indicó de lo que se trataba; si se habían metido en honduras era sobre todo para librarse de Jorkens, como alguien que, tomando el fresco en un paseo marítimo, se adentrara en el mar para evitar ponerse al corriente de una historia demasiado larga de contar. El motivo para desear librarse de Jorkens era, naturalmente, que algunos de ellos tenía historias propias que contar.
-La transmigración -dijo Jorkens- es algo de lo que se oye hablar bastante, pero raras veces se ve.
Terbut abrió la boca pero no dijo nada.
-Dio la casualidad de que se me presentó en una ocasión -prosiguió Jorkens.
-¿Se le presentó? -dijo Terbut.
-Se lo contaré -dijo Jorkens-. Cuando era joven conocí a un hombre llamado Horcher, que me impresionó muchísimo. Por ejemplo, una de las cosas que más me solían impresionar de él era la forma en que, si alguien hablaba de política y se preguntaba por lo que iría a suceder, tranquilamente decía lo que el Gobierno pensaba hacer, aunque no hubiera aparecido ni una sola palabra al respecto en ningún periódico: era siempre impresionante; y todavía más: si alguien intentaba adivinar lo que iba a suceder en Europa, llegaba él con su información con la misma tranquilidad.
-Y, ¿solía tener razón? -preguntó Terbut.
-Bueno -replicó Jorkens-, yo no diría eso. Pero nadie se arriesgaría de ninguna manera a vaticinarlo. En cualquier caso, entonces me impresionó bastante, y a los ancianos más que a mí. Y había otra cosa que hacía muy bien: me daba consejos sobre cualquier tema que se pudiera imaginar. No digo que el consejo fuera bueno, mas al menos indicaba el vasto alcance de sus intereses y su alegría por compartirlos con otros, pues con sólo oír que alguien deseaba hacer algo, se ofrecía inmediatamente a aconsejarle. Una y otra vez perdí sumas considerables de dinero a causa de sus consejos; y sin embargo había en ellos una espontaneidad, y una cierta profundidad aparente, que no podía dejar de impresionarle a uno.
"Bien, uno de aquellos lejanos días en que todavía era muy joven y todo el mundo me parecía igualmente nuevo, y la fe de los brahmanes no me era más desconocida que la teoría acerca del origen del hombre, empecé a hablar con Horcher del tema de la transmigración. Él se sonrió ante mi ignorancia, como siempre hacía, aunque amistosamente, y luego me contó todo lo que sabía sobre el tema. Los brahmanes, dijo, estaban equivocados en muchos detalles importantes al no haber estudiado científicamente la cuestión y no estar intelectualmente cualificados para entender sus aspectos más difíciles. No les contaré la teoría de la transmigración tal y como él me la explicó a mí, porque pueden ustedes leerla por sí mismos en los libros de texto. Lo que me contó no era nuevo para mí, mas sí lo fue la íntima certeza con que me la contó, y la impresión más bien excitante que dejó en mi mente de que todo lo había descubierto por sí mismo. Mas les diré un par de cosas sobre eso: una de ellas es que, a causa del interés que siempre se había tomado por las circunstancias que afectan al bienestar de las clases más bajas, estaba convencido de que sería recompensado con un considerable ascenso en su próxima existencia, "si (como él calculaba) hay justicia en la otra vida".
"-Pues -decía- si no fuera recompensado en una existencia posterior, el interés por semejantes cuestiones durante esta existencia, nada tendría sentido.
"Recuerdo que paseábamos por un parque mientras me contaba todo eso, y el camino estaba lleno de caracoles, que probablemente iban hacia unos álamos no muy distantes, ya que cada uno de aquellos árboles tenía varios de esos animales subiendo por su tronco, como si todos realizaran ese viaje en aquella época del año, que era a comienzos de octubre. Le recuerdo pisando los caracoles al andar, no por crueldad, pues no era cruel, sino porque pensaba que eso no podía importar a formas de vida tan absurdamente inferiores. Y la otra cosa que me dijo fue que había inventado un signo, o más bien que había inventado una forma de grabárselo en la memoria. El signo no era sino la letra griega «f», pero él era un hombre enormemente diligente y se había adiestrado o hipnotizado a sí mismo con tal vehemencia a fin de recordar ese signo, que estaba convencido de poder hacerlo automáticamente, incluso en otra existencia. En esta vida lo hacía a menudo de forma totalmente inconsciente, trazándolo en las paredes con su dedo, o incluso en el aire: se había adiestrado para hacer eso. Y me dijo que, si alguna vez me veía en la siguiente vida y se acordaba de mí (y sonrió agradablemente como si pensara que semejante recuerdo era posible), me haría ese signo, cualesquiera que fueran nuestras respectivas posiciones sociales.
-¿Y qué creía que iba a ser en la otra vida? -le pregunté a Jorkens.
-Nunca me lo dijo -contestó Jorkens-. Mas yo sabía que él estaba seguro de que iba a ser alguien enormemente importante; lo sabía por la condescendencia que mostró en su amable comportamiento cuando dijo que me haría el signo; además, estaba la lenta elegancia con que elevó la mano cuando trazó el signo en el aire, que más bien sugería a alguien sentado en un trono. No creo que le hubiera gustado lo más mínimo que yo le diera la lata en su segunda vida triunfal, a no ser por su orgullo de haber estampado ese signo en su alma a fuerza de aplicación, de manera que luego no pudiera evitar el hacerlo; y estaba convencido de que el hábito perduraría dondequiera que su alma fuera, y naturalmente deseaba que la posteridad supiera que lo había conseguido. Mientras caminamos hizo el signo inconscientemente más o menos cada media hora; desde luego se había adiestrado a hacerlo a conciencia.
-¿Y tenía alguna justificación para pensar que se sentaría en un trono si gozaba de una segunda vida? -pregunté yo.
-Bueno -dijo Jorkens-, era un hombre muy ocupado, no me corresponde a mí decir hasta qué punto su interés por las vidas de otros hombres era filantropía o intromisión. Le tomé por lo que él mismo se estimaba, de manera que ahora que está muerto no quiero valorarle de otra forma. En su opinión todos los hombres eran tontos, de manera que alguien debía cuidar de ellos, y él, a costa de bastantes esfuerzos personales, estaba preparado para hacerlo; cualquier sistema que no recompensara a un hombre tan filantrópico como él debía de ser un sistema absurdo. En realidad no creo que pensara que la Creación fuera absurda, pues creía que él iba a ser recompensado; lo más que le oí decir contra ella fue que él podía poner en orden muchas cosas mejor de lo que están si tuviera el mando del mundo, y me puso algunos ejemplos.
"Bien, lo cierto es que me inculcó aquel signo, que, según dijo, probaría que la transmigración es sumamente valiosa para la ciencia; aunque yo pienso que los que más debía interesarle era que yo me diera cuenta de hasta qué cumbres se había elevado con todo merecimiento. Y en realidad logró que le creyera. Pensé mucho en ello, y a menudo me figuro a mí mismo, en mis postreros años, asistiendo a una recepción real o a cualquier otra gran ceremonia en la corte de algún país extranjero, captando de repente del soberano, yo solo en toda la reunión, aquel signo de reconocimiento que nada significaría para el resto.
"Mi amigo falleció a edad avanzada cuando yo no había cumplido todavía los treinta, y decidí hacer lo que me había aconsejado: observar en mi vejez las carreras de los hombres nacidos después de su muerte que ocuparan los puestos más altos en Europa (pues Asia no le parecía gran cosa) y mostraran ciertas habilidades que en la otra vida podían esperarse de él, con todas las ventajas de su experiencia en ésta. Pues me dije: "Si lleva razón en lo de la transmigración, también la llevará en cuanto a sus posibilidades de ascenso". Y ¿saben ustedes?, llevaba razón en lo de la transmigración. Un año después de su muerte estaba yo paseando en aquel mismo parque, pensando en la letra griega F, como él me había dicho siempre que hiciera: el círculo bien marcado con la barra vertical en el medio. A menudo trazaba el signo con los dedos, como él solía hacer, para recordarlo. Aquel día lo tracé en la vieja tapia del parque. Observé un caracol ascendiendo lentamente por la tapia, y recordé su desprecio por esos animales; y, de algún modo, fue agradable pensar que él no había menospreciado a las cosas pequeñas más de lo que los demás hombres parecen hacerlo. Para él no valía la pena reparar en el rastro que el caracol dejaba en la tapia, cuyo brillo el sol incrementaba, mas consideraba igual de ridículas muchas de las obras humanas. Miré no obstante el brillante rastro del caracol en su avance, hasta que me di cuenta de que él había afirmado que sólo un tonto o un poeta perdería el tiempo con semejantes fruslerías; entonces me volví. Al hacerlo vi por el rabillo del ojo que el caracol estaba siguiendo una curva distinta. Volví a mirar y estimé un poco lo que había visto, pues la casualidad podía ser la causante; mas lo cierto es que el caracol había recorrido un cuarto de círculo muy diferente en su trayectoria de ascensión a la tapia. Era un fragmento de círculo tan claro que seguí observándolo hasta que se convirtió en un semicírculo, como antes había sido un cuarto de círculo. Mi entusiasmo creció cuando el animal empezó a descender; pues hasta entonces el caracol obviamente había estado escalando la tapia. ¿Por qué querría descender ahora? El diámetro del círculo era de unas cuatro pulgadas. El caracol avanzaba sin parar. Con mi mente absorta en el signo, yo no podía ignorar que si el caracol continuaba avanzando y completaba el círculo, equivaldría a haber trazado la mitad de aquél. Y además era del mismo tamaño que el signo que Horcher solía trazar de manera regia con su dedo índice. El caracol seguía avanzando. Cuando sólo quedaba media pulgada para completar el círculo, puede parecer tonto, pero yo mismo hice el signo en el aire con mi dedo. Sabía que el caracol no podía verlo: si realmente era Horcher, sabía que estaría haciendo el signo únicamente por el hábito adquirido, autohipnotizado en su propio ego, y que eso nada tenía que ver con el intelecto. Entonces deseché de mi mente aquella absurda idea. Sin embargo el caracol seguía avanzando. Y finalmente completó el círculo.
"Bien -pensé yo-, el caracol se ha movido en círculo; muchos animales lo hacen: los perros lo hacen frecuentemente, los pájaros supongo que también, ¿por qué no los caracoles? Y debí de quedarme quieto.
"Sepan que el caracol, tan pronto como finalizó su recorrido, siguió subiendo por la tapia en línea recta, dividiendo el círculo de su trayectoria en dos mitades con una precisión como nunca he visto. Me quedé allí de pie, mirando fijamente, con la boca y los ojos completamente abiertos. Primero fue la trayectoria completamente vertical mediante la cual el caracol escaló la tapia, luego el círculo, y ahora la continuación de la línea vertical dividiendo aquél en dos. En eso, el animal llegó a lo alto del círculo. ¿Qué iría a pasar entonces? El caracol continuó en línea recta hacia arriba. Llegó a un punto un par de pulgadas por encima de la parte superior del círculo y allí se detuvo, después de haber trazado una perfecta F, probando que el sueño de los brahmanes era una realidad.
-Pobre Horcher -dije yo.
-¿Hizo usted algo con el caracol? -preguntó Terbut.
-Por un momento pensé en matarlo -dijo Jorkens- para brindarle a Horcher una mejor oportunidad en su tercera vida. Y entonces me di cuenta de que había algo en su concepción de la vida que requeriría centenares de ellas para ser purificado. No podía ir por ahí matando caracoles sin parar, ¿me entienden?
Lord Dunsany

No eran estrellas cualesquiera.
 Eran estrellas de neutrones, auténticos zombis cósmicos, 
cadáveres oscuros de astros que ardieron en el pasado. 
Estaban condenadas a una eternidad de sombras. 
Pero se atrajeron y, al unirse, volvieron a encenderse. 
Durante una fracción de segundo brillaron más que una galaxia entera.


Para amar verdaderamente se requiere de un héroe 
que pueda manejar su propio miedo.
Clarissa Pinkola Estés

ENTRE LAS COSAS PRIMARIAS - SYLVIA PLATH


En una relativamente poco frecuentada y pedrosa playa hay una gran roca que sobresale sobre el mar. Luego de una subida, un ascenso por una serie de escalones, se llega a un estante natural donde una persona puede estirarse cómodamente y mirar las mareas debajo subir y bajar, o ver, más allá de la bahía, los barcos iluminados, luego ensombrecidos, luego iluminados, mientras siguen su curso cerca del horizonte. El sol quemó estas piedras y la enorme y continua bajada y subida de las mareas desmoronó las rocas, magullándolas, desgastándolas hasta convertirlas en estas suaves piedras ardidas en la playa, que se agitan y mueven debajo de los pies cuando una camina encima de ellas. Una serena sensación de la lenta inevitabilidad de los cambios graduales en la corteza de la tierra me cubre. Un amor me consume, no de un dios, sino de la limpia e inquebrable sensación de que las rocas que no tienen nombre, las olas que no tienen nombre, el pasto irregular que no tiene nombre, están todos definidos momentáneamente por la conciencia del ser que los observa. Con el sol haciendo arder la piedra y la carne, y con el viento ondeando el pasto y mi pelo, hay un estado de alerta que la inmensa y ciega conciencia impersonal y las fuerzas neutras van a superar, y viene la noción de que el frágil, milagrosamente enhebrado organismo que les da un sentido, va a pasear un rato, dudar, fallar y descomponerse al fin en el suelo anónimo, sin voz, sin rostro ni identidad.

De esta experiencia yo salí entera y limpia, mordida hasta el hueso por el sol, purificada por la gélida agudeza del agua salada, seca y blanqueada por la suave tranquilidad que viene de estar entre las cosas primarias.

Quizás el mayor regalo que podemos dar a otro ser humano es el desapego. 
El apego, incluso aquello que se imagina que es desinteresado, 
siempre pone alguna carga sobre la otra persona. 
¿Cómo aprender a amar de una manera ligera y aireada sin carga? 
May Sarton


En algún momento, la manera en que pensabas cómo iba a salir todo, se derrumbará y quedará hecho cenizas. Las puertas al derrumbe del ego se abrirán y todo lo que permanece es tu crudo corazón ardiente.

La naturaleza de la forma es de nacer, bailar, jugar y luego volver a lo desconocido. Esto no es una especie de error cósmico, sino la manera en que son las cosas - de creatividad, inteligencia y una reflección del flujo universal.

Las relaciones, el trabajo, la familia, los amigos, nuestra salud... ideas sobre nosotros mismos, los demás, y el mundo. Lo que pensábamos ofrecería un significado y un propósito continuo. Ahora reorganizándose ante nosotros, deseando ser re-escritos de manera más integrada, cohesiva y compasiva.

Incluso hasta de lo que estábamos tan seguros hace unos días - las grandes realizaciones, descubrimientos y percepciones sobre quiénes somos, lo que es más verdadero, lo que proporcionará una paz duradera...ya no es tan convincente. El temblor ha regresado. Un sueño ha desaparecido y aún no ha sido reemplazado por una nueva visión. Pero dentro de los fragmentos del mundo roto, la vida pura aguarda.

Toda forma debe terminar, saliendo a través de un portal hacia la oscuridad, para que las nuevas formas puedan emerger del crisol del espacio claro. Pero lo que está emergiendo en el vientre del Ahora no se conoce con anticipación, y no está sujeto a nuestras esperanzas, temores o fantasías de control. Aunque la mente luchará contra la naturaleza iracunda de esta verdad, el corazón sabe ...el cuerpo sabe.

Atrévete a ver que la muerte de la forma está llena de partículas en erupción con vida, con magia, y con la fragancia de lo sagrado. Puedes relajarte en el centro mismo de la jornada de la muerte-renacimiento, y descansar dentro del núcleo de las contradicciones. Aquí, el caos y la gloria son uno.

No hay nada más vivo que eso.

No hay nada más sagrado que eso.

No hay nada más seguro que eso.

Matt Licata

Así, la locura del hombre es la cordura del cielo 
y alejándose de toda mortal razón el hombre llega por fin 
a aquel pensamiento celestial que, 
para la razón es absurdo y frenético; y para bien o mal, 
se siente entonces sin compromisos, indiferente como su Dios.
Herman Melville
-Moby Dyck-

Manantiales,
Minas Diamantinas,
Rocíos de Ternura,
Constelaciones Ignotas...
Devastadas por la ceguera.
Geha



Un amoroso enigma: 
aunque el corazón parta conserva su lugar, 
y al perderlo, lo salvas.
John Donne

HANDS OF BRESSON

Hands of Bresson from Close-Up on Vimeo.


Sucede que una misteriosa clase de caos acecha detrás de una fachada de orden, 
y que, sin embargo, en lo más profundo del caos acecha una clase de orden todavía más misterioso
Douglas Hofstaedter 


Ese estado de ingravidez fronterizo entre la nada y el todo.
Geha


La meditación no es una evasión, 
es un sereno encuentro con la realidad.
Thich Nhat Hanh.

El universo vegetativo se abre como una flor desde el centro de la tierra, 
en donde mora la eternidad. 
Se expande desde las estrellas hasta el caparazón mundano
y ahí se encuentra con la eternidad de nuevo, 
tanto desde dentro como desde fuera.

William Blake

Yo habito la casa de la posibilidad.
Ella tiene más puertas y ventanas
que la casa de la razón.
Emily Dickinson


Entender y amar son inseparables. 
Si están separados, es un proceso cerebral 
y la puerta a la comprensión esencial permanece cerrada.
Erich Fromm


- Padre, ¿tú crees en fantasmas?
- Oh, sí, hijo mío.
- ¿De verdad? No lo habría imaginado.
- Oh, no… No en los fantasmas de tipo humano, no, en absoluto. Mira hacia arriba, hijo mío y observa el cielo lleno de ellos.
- ¿Las estrellas, papá? No te entiendo.
- Cada estrella es un sol tan grande y tan brillante como el nuestro. Sólo imagínate lo lejos que te tienes que ir para que el sol parezca tan pequeño y tan apagado como una estrella. La luz de las estrellas viaja muy rápido, más rápido que cualquier otra cosa, pero no infinitamente rápido. A la luz le lleva tiempo llegar hasta nosotros. En el caso de las estrellas más cercanas, su luz tarda años en llegar, la luz de otras tarda siglos. Algunas estrellas están tan lejos que su luz tarda eones en llegar hasta nosotros. Para cuando la luz de algunas estrellas llega hasta aquí, ya están muertas. De esas estrellas, solo vemos sus fantasmas.

William Hershell

Baltasar no tiene espejos, a no ser estos ojos nuestros que lo están viendo bajar por el camino embarrado hacia el pueblo, y son ellos los que le dicen, Tienes la barba blanca, Baltasar, tienes la frente cargada de arrugas,Baltasar, tienes el cuello como cuero seco, Baltasar, se te caen ya los hombros, Baltasar, no pareces el mismo,Baltasar, pero esto es un defecto de los ojos que usamos,porque ahí viene una mujer, y donde nosotros veíamos un hombre viejo, ve ella un hombre joven, el soldado a quien preguntó un día, Cuál es su gracia, o ni ve siquiera a ése, sólo a este hombre que baja sucio, canoso y manco,Sietesoles de apodo, si lo merece tanto cansancio, pero es un constante sol para esta mujer, no porque siempre brille,sino por existir, escondido de nubes, tapado de eclipses,pero vivo, Santo Dios, y le abre los brazos, quién, los abre él a ella, los abre ella a él, ambos, son el escándalo de Mafra, que se agarren así en la plaza pública, y con edad de sobra, quizá es porque nunca han tenido hijos, o tal vez se ven más jóvenes de lo que son, pobres ciegos, o puede que sean estos dos los únicos seres humanos que como son se ven, es ése el modo más difícil de ver, ahora que están juntos hasta nuestros ojos son capaces de ver que se han vuelto hermosos". José Saramago-Memorial del Convento-.

Vosotros no venís aquí a cantar una nota cualquiera.Venis aquí a cantar vuestra nota.No es una naderia es algo hermosísimo.El tener una nota,quiero decir;una nota toda para uno mismo.Reconocerla entre millares,y llevársela consigo mismo,dentro,y encima.Podeis no creerme pero yo os digo que ella respira cuando vosotros respirais,os espera mientras dormís,os sigue a donde quiera que vayáis y juro que no os abandonará hasta que os decidáis a palmarla,y entonces la palmará con vosotros.Podéis llegar hacer como si no pasara nada,podeis venir hasta aquí y decirme:querido Pekisch,lo siento,pero creo que no tengo ninguna nota dentro,y marcharos,simplemente marcharos...pero la verdad es que esa nota está ahí,pero vosotros no queréis escucharla.

Y eso es una idiotez,es una obra maestra de la idiotez,de verdad,una idiotez como la copa de un pino.Uno tiene su nota,que es la suya,y la deja marchitarse en su interior...no...escuchadme con atención...aunque la vida haga un ruido infernal,aguzad los oidos hasta que llegueis a escucharla y entonces aferradla,no la dejeis escapar.Llevaosla con vosotros,repetiosla cuando trabajeis,cantaosla en la cabeza,dejad que os suene en los oídos,y debajo de la lengua,y en la punta de los dedos.Y si hace falta en los pies.

Alessandro Baricco -Tierras de Cristal-


Charlatanes y vendedores de humo hay en todas partes.Ni un retiro solitario en las montañas del Himalaya,ni un papel con una foto y un sello es garantía de nada.Estamos expuestos a la negligencias,los errores y a la gente que se aprovecha de la ignorancia y necesidad de otros.

¿Cómo distinguir y acertar en la elección cuando necesitamos ayuda?

¿Quien dice la verdad, los abducidos por el misticismo o los abducidos por las sapiencia oficial ?

¿Si yo ahora enfermo o tengo la necesidad de ayuda para resolver un problema cómo sé que la persona a la que recurro es la adecuada?

Lo confieso,no tengo la formula.Pero si que hay algunas cosas que me gustaría compartir:

Mi enfermedad o problema es responsabilidad mía y todo cuanto haga para sanar o resolver serán decisiones que yo tomo voluntaria y conscientemente(siempre que no esté en coma o catatónica,en ese caso corresponderia a mis allegados realizarlas por mi).

Recurrir a la ayuda de otra persona,en ningún caso supone renunciar a mi propio poder de decisión o discernimiento.

La naturaleza de la ayuda no puede estar en disonancia con mi naturaleza y creencias porque en lugar de ayudarme,lo que haría es contribuir a mi confusión tanto física como mental.

En esto último quiero hacer una aclaración:A veces (casi siempre),la sanación requiere un cambio en los hábitos de vida y en la mentalidad,pero esto no implica cerrar los ojos y lanzarse al vacío con fe ciega en lo que te dicen,sino un escuchar y escucharse atentamente a una misma.Solo en el caso de que lo que te dicen,te resuene internamente y no sientas amenazada tu integridad personal,puedes decidir seguir adelante o no.

La recomendación y el boca a boca está bien,pero no siempre funciona,porque lo que le va bien a uno no tiene que funcionar con otra persona,además,crea una expectativa que puede disminuir el nivel de alerta y atención por nuestra parte y entrar en una zona de confort peligrosa.La sanación no es un compromiso con el terapeuta,es un compromiso con uno mismo.

No importa si la naturaleza de la ayuda es espiritual,científica o mágica,lo importante es que la persona a la que recurrimos sea honesta con lo que hace,algo que como dije al principio no hay garantías,por esto es recomendable estar alerta y no sustituir nunca nuestro poder por el de nadie.

¿Qué escuchará un surfista cuando escucha la palabra mar u océano?
Seguramente se trata de algo que provoca más gratitud que miedo, 
pues nombra algo inconmensurable de lo cual nadie puede apoderarse por entero, 
que alimenta y que destruye, que es dócil y es brutal, que es una conciencia impersonal manifestándose a través de la interacción de los seres que viven en ella, 
que son expresiones suyas y la conforman en cada una de sus partículas. 
Un equilibrio entre la hospitalidad y la intemperie que ha fascinado la imaginación de todos los pueblos y que revivimos cada vez que vemos a un niño observándolo y descubriéndolo 
sobre la arena húmeda de la playa: porque volver al mar, tanto para los que no nacieron en él, 
como para los que adoptaron su nacionalidad o su credo, el mar siempre tiene algo de recién descubierto o de recién inventado: una maquinaria infinita, una criatura única y múltiple 
que nos hace partícipes de nuestra condición pasajera y fugaz en el mundo 
del modo que sólo puede hacerlo, durante las noches, el cielo estrellado o las mareas de las estrellas.
http://pijamasurf.com

 Se suele decir:Renovarse o morir.
Yo digo:Morir todas las veces que hagan falta para renovarse.

LA LLEGADA


 La Llegada es una película que me ha fascinado,principalmente por su elegante estética que rompe con los patrones acostumbrados en este tipo de cine y porque aborda un tema que me enganchó  hace años cuando leí Los Lenguajes de Pao,ambos se basan en la teoría del Relativismo Lingüístico de Sapir-Whorf :

- La manera en que los individuos denominan o describen situaciones influye en la manera en que se comportan ante esas situaciones.
- La interdependencia del pensamiento y el discurso deja claro que los lenguajes no son tanto medios para expresar una verdad que ya ha quedado establecida sino medios de descubrimiento de una verdad previamente desconocida. Su diversidad es una diversidad no de sonidos y signos sino de formas de ver el mundo.

Sinopsis del libro :El edénico planeta de Pao ha sido invadido sin resistencia. Para obtener la libertad, sus habitantes deberán aprender un nuevo idioma que posibilite la comprensión y la asimilación de conceptos nuevos como la violencia y la resistencia. Pero, si cambian de lengua, ¿seguirán siendo paoneses?.

Sinopsis de la Pelicula : Cuando naves extraterrestres comienzan a llegar a la Tierra, los altos mandos militares piden ayuda a una experta lingüista (Amy Adams) para intentar averiguar si los alienígenas vienen en son de paz o suponen una amenaza. Poco a poco la mujer intentará aprender a comunicarse con los extraños invasores, poseedores de un lenguaje propio, para dar con la verdadera y misteriosa razón de la visita extraterrestre.Este nuevo lenguaje le permitirá experimentar un tiempo no lineal.

Recomendada!!



  


A medida que pasaba el tiempo, empecé a notar que las cosas buenas me sucedían sólo cuando dejaba de desearlas. Si eso era cierto, entonces también lo era lo contrario: desear demasiado las cosas impedía que sucedieran.



Descubrió que el verdadero sentido del arte no era crear objetos bellos. Era un método de conocimiento, una forma de penetrar en el mundo y encontrar el sitio que nos corresponde en él, y cualquier cualidad estética que pudiera tener un cuadro determinado no era más que un subproducto casual del esfuerzo de librar esta batalla, de entrar en el corazón de las cosas.
Paul Auster - El Palacio De La Luna-.


La misma corriente de vida que corre por mis venas día y noche

pasa por el mundo y baila con medidas rítmicas.

Es la misma vida que explota a través de la alegría en el polvo de la tierra con

innumerables briznas de hierba, y se rompe en tumultuosas olas de hojas y flores.

Es la misma vida que se mece en el océano, cuna de nacimiento y de muerte,

en flujo y reflujo.

Siento que mis extremidades se hacen gloriosas

por el toque a este mundo de vida.

Y mi orgullo viene del palpitar de las edades, de la vida

que baila en este momento en mi sangre .

Rabindranath Tagore

El libro El Viaje de Baldassare de Amin Maalouf,contiene todo lo que me gusta y atrapa en una lectura:Viajes,amor,aventuras,historia...y unos personajes muy variados y bien definidos que van tejiendo una trama ambientada en un tiempo pasado,tiempo en el que la información y los libros no llegaban a las personas con la facilidad que llegan ahora,sino que eran los mismos interesados o por encargo a otra persona,los que viajaban de un lugar a otro por el mundo para obtener los ejemplares originales o copia de ellos.Así,al valor del conocimiento que podía aportar un libro,se le sumaba la oportunidad de conocer nuevos lugares,lenguas y personas.El inconveniente es que la lectura era algo a los que muy pocos podian acceder por motivos economicos y falta de alfabetización.

Todo esto es parte de la escritura de Amin Maalouf en la que el amor por los libros rezuma en cada una de sus páginas.Recordé un escrito de Pérez Reverte en Patente de Corso, que habla de la quema de la biblioteca de Sarajevo y que me llegó mucho en su momento:
 
"Déjenme contarles un secreto.Cuando un libro arde,cuando un libro es destruido,cuando un libro muere,hay algo de nosotros mismos que se mutila irremediablemente,siendo sustituido por una laguna oscura,por una mancha de sombra que acrecienta la noche que,desde hace siglos,el hombre se esfuerza por mantener a raya.Cuando un libro arde mueren todas las vidas que lo hicieron posible,todas las vidas en él contenidas y todas las vidas a las que el libro hubiera podido dar,en el futuro,calor y conocimientos,inteligencia,goce y esperanza.Destruir un libro es,literalmente,asesinar el alma del hombre.Lo que a veces es incluso más grave,más ruin que asesinar el cuerpo."



Enseño silencio
en todos los idiomas
con método contemplativo:
el cielo estrellado,
las mandíbulas del sinanthropus,
el salto del grillo,
las uñas del recién nacido,
el plancton,
el copo de nieve.
Wislawa Szymborska 

SIKAME,El Alma de Oro