Uno de los koans introductorios del Budismo Zen: 

"¿Quién es el gran mago que hace verde el pasto?" 
¿Quién es el maestro que hace verde el pasto? 
¿Quién crea toda realidad y experiencia? 
La palabra "yoga" significa unión. "Yoga" viene de la misma raíz 
que la palabra inglesa "yoke": dos cosas amarradas juntas.

Y necesitas un cerebro humano. Los perros ven el pasto de manera diferente.

Necesitas el cerebro humano y el pasto amarrados juntos 
para hacer el yoga que nosotros llamamos el verdor del pasto.

Todos piensan que es muy difícil ser un místico.

Tienes que realizar un tremendo esfuerzo para llevar a cabo tu unión con todo.

Pero en realidad estás experimentando tu unión con todo, todo el tiempo, 
de lo contrario no estarías experimentando nada.

Tú haces verde al pasto. Tú haces tus altos y tú haces tus bajos.

Pero no lo haces solo. Lo haces a partir de tu unión con el Universo.

Y así todo es una coincidencia de opuestos.

Es una coincidencia de tú estando ahí y el Universo estando ahí.

Y todo es uno al mismo tiempo porque no hay verde sin el pasto y no hay verde sin ti.

Entonces el verdor es una transacción que te une junto con el pasto.

Hay una extensión infinita de señales fluyendo dentro de nuestro sistema nervioso 
y siendo procesado por nuestros centros neurales superiores del cerebro.

Nosotros la organizamos y la orquestamos 
de acuerdo con nuestra historia de vida particular, nuestro historial genético, 
nuestras primeras impresiones, nuestro condicionamiento, 
o cualquier técnica de reimpresión que hayamos aprendido desde entonces.

Así que todos estamos viviendo en mundos diferentes.

Es asombroso que podamos siquiera comunicarnos.

Tú eres el co-creador de las vistas que ves, de los sonidos que oyes 
y de tus impresiones generales del Universo.

Robert Anton Wilson

VIVIR



Espero que disfrutéis de esta obra maestra que, 
da para mucha reflexión.


"No tengo, inútil es decirlo, la intención de pasar revista a todas las pruebas de inteligencia que nos dan las plantas. Esas pruebas son innumerables, continuas, sobre todo entre las flores, en las que se concentra el esfuerzo de la vida vegetal hacia la luz y hacia el espíritu."

....."Sería superfluo trazar el cuadro de los grandes sistemas de la fecundación floral: el juego de los estambres y del pistilo, la seducción de los perfumes, la atracción de los colores armoniosos y brillantes, la elaboración del néctar, absolutamente inútil para la flor y que ésta no fabrica sino para atraer y retener al libertador extraño, al mensajero de amor, abejorro, abeja, mosca, mariposa o falena que debe traerle el beso del amante lejano, invisible..."

....."Si es difícil descubrir, entre las grandes leyes que nos agobian, la que más pesa sobre nuestros hombros, respecto a la planta no hay duda: es la que la condena a la inmovilidad desde que nace hasta que muere. Así es que sabe mejor que nosotros, que dispersamos nuestros esfuerzos, contra qué rebelarse ante todo. Y la energía de su idea fija, que sube de las tinieblas de sus raíces para organizarse y manifestarse en la luz de su flor, es un espectáculo incomparable. Tiende toda entera a un mismo fin: escapar por arriba a la fatalidad de abajo; eludir, quebrantar la pesada y sombría ley, libertarse, romper la estrecha esfera, inventar o invocar alas, evadirse lo más lejos posible, vencer el espacio en que el destino la encierra, acercarse a otro reino, penetrar en un mundo moviente y animado."

....."Veremos que la flor da al hombre un prodigioso ejemplo de insumisión, de valor, de perseverancia y de ingeniosidad."

....."Venidos los últimos sobre la tierra, encontramos simplemente lo que siempre ha existido, y repetimos como niños maravillados la ruta que la vida ha hecho antes que nosotros."
Maurice Maeterlinck




Esta entrada, es para expresar algo que sentí hace dos días
y  que no puedo transmitir con palabras.
Gea

Muchas veces, 
bajo una chaqueta pobre 
se esconde un corazón muy rico.
Proverbio escocés


En la gran obra de Samuel Beckett, Esperando a Godoy, se produce este pequeño incidente; reflexiona sobre él.

Dos vagabundos, Vladimir y Estragón están en el escenario. Están allí para esperar, tal como todo el mundo está esperando, nadie sabe exactamente qué. Todo el mundo está esperando con la ilusión de que algo va a suceder. Hoy no ha sucedido, mañana va a suceder. Así es la mente humana: el día de hoy se desperdicia, pero la mente humana tiene la esperanza de que mañana algo va a suceder. Y estos dos vagabundos están sentados debajo de un árbol, esperando… esperando a Godoy.

Nadie sabe exactamente quién es este Godoy. La palabra se asemeja a Dios,* pero es sólo una semejanza y, en realidad, los dioses que estás esperando son todos Godots. Tú los has creado porque uno tiene que esperar a alguien, de otra manera ¿cómo podrías tolerar la existencia? ¿Para qué? ¿Cómo vas a posponer el vivir? ¿Cómo vas a tener esperanza? La vida se hará intolerable, imposible, si no hay nada que esperar. Alguien espera dinero, alguien espera poder, alguien espera la iluminación

*God en inglés. (N. de T.).

y alguien espera alguna otra cosa, pero todo el mundo está esperando, y la gente que espera es la gente que no acierta.

Estos dos vagabundos están allí sólo para esperar. Esperan la llegada de un hombre, Godot, quien se supone les proveerá de abrigo y sustento. Mientras tanto intentan pasar el tiempo con pequeñas conversaciones, chistes, juegos y discusiones sin importancia…

Así es tu vida: uno se entretiene mientras tanto con las pequeñas cosas. Lo grandioso va a pasar mañana. Godoy llegará mañana. Hoy uno discute: la esposa con el marido, el marido con la esposa; asuntos menores: “pequeñas conversaciones, chistes, juegos… tedio y vacío”. Eso es lo que todo el mundo siente: tedio, vacío… “nada que hacer” es el refrán que resuena una y otra vez… Ellos dicen una y otra vez: “no hay nada que hacer”; y luego se consuelan: “Pero mañana él va a venir”. En realidad, él nunca les ha prometido nada, ellos nunca lo han conocido: es una invención. Uno tiene que inventar. Ante la desdicha uno tiene que inventar el mañana y aferrarse a algo. Tus dioses, tus cielos, tus paraísos, tus mokshas: todo es invención. El Tao no habla de ello.

Esta representación de Samuel Beckett, Esperando a Godoy, es esencialmente taoísta.

En medio del primer acto, dos desconocidos, Pozzo y Lucky, irrumpen en el escenario. Pozzo parece ser un hombre de recursos; Lucky, el sirviente, está siendo conducido a un mercado de las cercanías para ser vendido. Pozzo describe a los vagabundos las virtudes de Lucky, la más destacada de todas, que puede pensar. Para enseñárselo a ellos, hace sonar su látigo y ordena: “¡Piensa!”, y sigue a continuación un largo e “histérico monólogo incoherente en el que se mezclan confusamente fragmentos de teología, ciencia, deportes y conocimientos varios, hasta que los otros tres saltan sobre él y lo hacen callar”.

¿En qué consiste tu pensamiento? Qué quieres decir cuando declaras, “¿Estoy pensando?”. ¿Es un “histérico monólogo incoherente en que se mezclan confusamente fragmentos de teología, ciencia, deportes y conocimientos varios…” hasta que llega la muerte y te silencia? ¿En qué consiste todo tu pensamiento? ¿En qué puedes pensar? ¿Qué hay que pensar? ¿Cómo puede uno llegar a la verdad a través del pensamiento? El pensamiento no puede proporcionar la verdad. La verdad es una experiencia y la experiencia, acontece sólo cuando cesa el pensamiento.

Por tanto, el Tao dice que la teología no va a ayudar, que la filosofía no va a ayudar, que la lógica no va a ayudar, que la razón no va a ayudar. Puedes continuar pensando y pensando y ello no será más que invención, una pura invención de la mente humana para ocultar su propia estupidez. Y así puedes seguir y seguir, un sueño puede dar lugar a otro, y ese otro sueño puede llevarte a otro… sueños dentro de sueños dentro de sueños; así es toda filosofía, toda teología.

Sueños dentro de sueños, dentro de sueños… Así prosigue la mente. Una vez empiezas a soñar, aquello no tiene final, y lo que llamas pensar es mejor llamarlo soñar. Eso no es pensar.

Recuerda, la verdad no requiere del pensamiento; requiere experiencia. Cuando ves el sol y la luz no piensas en ellos, lo ves. Cuando te encuentras una rosa no piensas en ella, la ves. Cuando la fragancia llega a tu nariz, la hueles; no piensas en ello. Cuando estás cerca de la realidad no es necesario pensar. Entonces la realidad es suficiente, entonces la experiencia es suficiente. Cuando estás lejos de la realidad, piensas: reemplazas la realidad por el pensar. Una persona que ha comido bien no va a soñar por la noche que ha sido invitada a un festín. Una persona que ha pasado hambre durante el día seguramente soñará esa noche, que ha sido invitada a un festín. Una persona que está sexualmente insatisfecha soñará con objetos sexuales. Así es toda la psicología freudiana: sueñas con cosas que te hacen falta en la vida; sueñas para compensar.

El pensamiento es un sueño con palabras; el sueño es un pensamiento con imágenes. Esa es la única diferencia. El sueño es una forma primitiva del pensamiento, y el pensamiento es una forma más evolucionada del sueño, más civilizada, más culta, más intelectual, pero es lo mismo, sólo que las imágenes han sido reemplazadas por palabras y, en cierta forma, debido a que las imágenes han sido reemplazadas por palabras, se ha alejado aún más de la realidad, porque la realidad está más cerca de las imágenes que de las palabras.http://www.oshogulaab.com/

Hokusai

Anécdotas del monje "loco" japonés, Ikkyu
1-2-1395 al 12-12-1481

Uno de los monjes del templo hacía un dulce delicioso, codiciado por los alumnos entre los cuales estaba Ikkyu. Para que no lo consumieran, el monje dijo en una ocasión que el dulce estaba envenenado, y se ausentó. 
Ikkyu entonces rompió una de las escudillas de cerámica del monje, y enseguida se fue a la despensa a comer dulce. 
Cuando el monje volvió, Ikkyu, repleto, le dijo que había roto la escudilla y que entonces había resuelto quitarse la vida, para lo cual había comido un poco de dulce. Pero no había muerto, por lo que decidió seguir comiendo en busca de la muerte, pero sólo había encontrado el hartazgo. 

En otra ocasión, uno de sus compañeros rompió la taza de té preferida por el maestro. Acudió a Ikkyu buscando apoyo.
–No te preocupes – le dijo éste.
Cuando llegó el maestro, Ikkyu le hizo una pregunta sobre la impermanencia de las cosas. La respuesta fue un amplio sermón sobre el surgimiento, el madurar y el morir y desintegrarse. Ikkyu entonces le mostró los restos de su amada taza, diciendo:
–A su taza le llegó el tiempo de morir y desintegrarse, Maestro.

La fama de Ikkyu aún niño llegó a oídos del Shogun, quien le mandó llamar. Una vez en su residencia, El Shogun le mostró un biombo con un tigre pintado, y dándole una cuerda, le pidió que lo enlazara. Ikkyu le respondió:
–Lo haré tan pronto como su Señoría lo saque del biombo al jardín.


Tenemos un cielo entero dentro de nosotros: 
la Luna simbolizando el movimiento continuo del alma y el cuerpo.
Marsilio Ficino.

Ver, en el sentido más fino y más amplio, 
significa usar los sentidos, el intelecto y las emociones.
Significa mirar más allá de las etiquetas de las cosas 
y descubrir el mundo alrededor de uno mismo.
Freeman Patterson

Las fronteras no son el este o el oeste, el norte o el sur, 
sino allí donde el hombre se enfrenta a un hecho.
Henry David Thoreau

Lawrence Alma-Tadema

Gracias quiero dar al divino Laberinto de los efectos y de las causas 
Por la diversidad de las criaturas que forman este singular universo, 
Por la razón, que no cesará de soñar con un plano del laberinto, 
Por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises, 
Por el amor, que nos deja ver a los otros como los ve la divinidad, 
Por el firme diamante y el agua suelta, 
Por el álgebra, palacio de precisos cristales, 
Por el fulgor del fuego, 
Que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo, 
Por la caoba, el cedro y el sándalo, 
Por el pan y la sal, 
Por el misterio de la rosa, que prodiga color y que no lo ve, 
Por el arte de la amistad, 
Por el mar, que es un desierto resplandeciente 
Y una cifra de cosas que no sabemos 
Por las rayas del tigre,
Por el olor medicinal de los eucaliptos, 
Por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio, 
Por la noche, su tiniebla y su astronomía, 
Por el valor y la felicidad de los otros, 
Por el hecho de que el poema es inagotable 
Y se confunde con la suma de las criaturas 
Y no llegará jamás al último verso 
Y varía según los hombres, 
Por los minutos que preceden al sueño, 
Por el sueño y la muerte, esos dos tesoros ocultos, 
Por los íntimos dones que no enumero, 
Por la música, misteriosa forma del tiempo.
Jorge Luis Borges

Leer completo http://www.lahojadearena.com/


Un joven americano, llamado Simon Moon, que estudia Zen en el Zendo (escuela de Zen) en New Old Lompoc House en Lompoc, California, cometió el error de leer El Proceso, de Franz Kafka. Esta siniestra novela, combinada con el entrenamiento Zen, fue demasiado para el pobre Simon. Se obsesionó, intelectual y emocionalmente, con la extraña parábola sobre la puerta de la Ley que Kafka inserta casi al final de su historia. Simon encontró tan inquietante la fábula de Kafka, que de hecho arruinó sus meditaciones, dispersó su juicio y lo distrajo de su estudio de los Sutras.

Algo resumida, la parábola de Kafka es como sigue:

Un hombre llega a la puerta de la Ley, con la intención de entrar. El guarda se niega a dejarle pasar por la puerta, pero dice que si espera lo suficiente, tal vez, algún día en un futuro incierto, logre ser admitido. El hombre espera y espera y va envejeciendo; intenta sobornar al guarda, el cual acepta su dinero pero sigue sin permitirle entrar; el hombre vende todas sus posesiones para conseguir dinero para más sobornos, los cuales acepta el guarda -pero aún no le deja entrar. El guarda siempre explica, cada vez que coge cada nuevo soborno “Sólo lo hago para que no abandones totalmente la esperanza”.

Finalmente, el hombre es viejo y enferma, y sabe que pronto morirá. En estos últimos momentos reúne la energía necesaria para formular una pregunta que lo ha mantenido perplejo a lo largo de los años. “Me han dicho”, dice al guarda, “que la Ley existe para todos. ¿Por qué ocurre entonces que, en todos los años que llevo esperando aquí sentado, nunca ha venido nadie más a la puerta de la Ley?”

“Esta puerta”, dice el guarda, “ha sido hecha exclusivamente para ti. Y ahora voy a cerrarla para siempre”. Y cierra de un portazo mientras el hombre fallece.

Cuanto más se obsesionaba Simon con esta alegoría, broma o rompecabezas, más sentía que nunca podría comprender el Zen hasta que primero comprendiese este cuento extraño. Si la puerta existía exclusivamente para aquel hombre, ¿por qué no podía entrar? Si los constructores pusieron a un guarda para mantener al hombre fuera, ¿por qué dejaban la puerta tentadoramente abierta? ¿Por qué el guarda cerró la puerta, previamente abierta, cuando el hombre se había hecho demasiado viejo para intentar precipitarse y pasar ante el guarda? ¿Tenía la doctrina budista del dharma (ley) algo en común con esta parábola?

¿La puerta de la Ley representaba la burocracia bizantina que existe virtualmente en todo gobierno moderno, con lo que la historia sería una sátira política tal como un burócrata menor como Kafka podía haber concebido en sus subversivas horas libres? ¿O la Ley representa a Dios, como algunos afirman? Y, en ese caso, ¿intentaba Kafka parodiar la religión? ¿O defender su divino Misterio indirectamente? ¿Acaso el guarda que aceptaba los sobornos pero no daba más que esperanzas vacías a cambio representaba al clero? ¿O al intelecto humano en general, siempre dándose un festín con las sombras de la ausencia de auténticas Respuestas Finales?

Finalmente, cerca de la crisis nerviosa debido a su pronunciado cansancio mental, Simon acudió a su Roshi (profesor Zen) y le relató la historia de Kafka del hombre que esperaba ante la puerta de la Ley -la puerta que existía sólo para él pero que nunca le permitirían cruzar, y que fue cerrada cuando la muerte ya no le permitía entrar. “Por favor” suplicó Simon, “explíqueme esta Oscura Parábola”.

“Te la explicaré”, dijo Roshi, “si vienes conmigo a la sala de meditación”.

Simon siguió al profesor hasta la puerta de la sala de meditación. Al llegar el profesor entró rápidamente, se dio la vuelta y cerró de un portazo ante las narices de Simon.

En ese momento, Simon experimentó el Despertar.

https://es.scribd.com/doc/98216037/Psicologia-cuantica


En la escena final de “Un Método Peligroso” Jung dice a su ex-amante Sabina Spielrein que “solo un sanador herido puede curar”. Ya sea de origen conocido o desconocido, antes del sanador está la Herida. Aquel evento, circunstancia, condición o persona que llega a nuestra vida y hace un corte en ella, en nuestra alma, y en su sangrar invisible nos tiñe con su urgencia arquetípica, llevándonos a profundidades que quizás ni siquiera intuíamos. Antes que un sanador, hay una herida. Antes de ella éramos “inocentes”, un poco como Adán y Eva en su cálido paraíso. Con la herida, eres expulsado. Y comienza tu viaje para unir lo que está separado, donde, si eres afortunado, encontrarás a aquél que, más avanzado en su propio viaje, podrá ayudarte a sanar.

Una notable descripción acerca del efecto de la herida invisible es el siguiente texto del novelista chileno Manuel Rojas, incluido en su obra “Hijo de Ladrón”:

(Imagina que tienes una herida en alguna parte de tu cuerpo, en alguna parte que no puedes ubicar exactamente, y que no puedes ver ni tocar, y supón que esa herida te duele y amenaza abrirse o se abre cuando te olvidas de ella y haces lo que no debes, inclinarte, correr, luchar o reír; apenas lo intentas, la herida surge, su recuerdo primero, su dolor en seguida: aquí estoy, anda despacio. No te quedan más que dos caminos: o renunciar a vivir así, haciendo a propósito lo que no debes, o vivir así, evitando hacer lo que no debes. Si eliges el primer camino, si saltas, gritas, ríes, corres o luchas todo terminará pronto: la herida, al hacerse más grande de lo que puedes soportar, te convertirá en algo que sólo necesitará ser sepultado y que exasperado por la imposibilidad de hacerlo como querías, preferiste terminar, y esto no significará, de ningún modo, heroísmo; significará que tenías una herida, que ella pudo más que tú y que le cediste el sitio. Si eliges el segundo camino, continuarás existiendo, nadie sabe por cuánto tiempo: renunciarás a los movimientos marciales y a las alegrías exageradas y vivirás, como un sirviente, alrededor de tu herida, cuidando que no sangre, que no se abra, que no se descomponga, y esto, amigo mío, significará que tienes un enorme deseo de vivir y que, impedido de hacerlo como deseas, aceptas hacerlo como puedas, sin que ello deba llamarse, óyelo bien, cobardía así como si elegiste el primer camino nada podrá hacer suponer que fuiste un héroe: resistir es tan cobarde o tan heroico como renunciar. Por lo demás, las heridas no son eternas, y mejoran o acaban con uno, y puede suceder que después de vivir años con una, sientas de pronto que ha cicatrizado y que puedes hacer lo que todo hombre sano hace, como puede ocurrir, también, que concluya contigo, ya que una herida es una herida y puede matar de dos maneras: por ella misma o abriendo en tu cerebro otra, que atacará, sin que te enteres, tu resistencia para vivir; tú tienes una herida, supongamos, en un pulmón, en el duodeno en el recto o en el corazón, y quieres vivir y resistes, no te doblegas, aprietas los dientes, lloras, pero no cedes y sigues, aunque sea de rodillas, aun arrastrándote, llenando el mundo de lamentaciones y blasfemias; pero un día sientes que ya no puedes resistir; que tus nervios se sueltan, que tus rodillas y tus piernas no te soportan y se doblegan: caes entonces, te entregas y la herida te absorbe. Es el fin: una herida se ha juntado a la otra y tú, que apenas podías aguantar una, no puedas con las dos.

Pero imagínate que no tienes ni la primera ni la segunda herida de que te he hablado, sino otra, una con la que puedes nacer o que puede aparecer en el curso de tu existencia, en la infancia, en la adolescencia o en la adultez, espontáneamente o provocada por la vida. Si naces con ella puede suceder que sea pequeña al principio y no te moleste demasiado sin que podamos descartar la posibilidad de que desde el principio sea grande y te impida hablar o caminar, pongamos por caso, todo ello sin tener en cuenta el lugar en que nazcas, que puede ser un conventillo, una casa o un palacio. Podrá o no haber, a tu alrededor, gente que se interese o no se interese por ti y que quiera o no quiera ayudarte; si la hay y se interesa y quiere, podrás llegar a ser conservado, excepto si tu herida, esa herida que ni tú ni nadie puede ubicar, pues está en todas partes y en ninguna: en los nervios, en el cerebro, en los músculos, en los huesos, en la sangre, en los tejidos, en los líquidos y elementos que te recorren; excepto si tu herida, digo, puede con todo y con todos: con la medicina, con la educación, con tus padres, con tus profesores, con tus amigos, si es que llegas a tener todo eso, pues hay innumerables seres humanos que no tienen ni han tenido medicina, educación, padres, profesores ni amigos, sin que nadie parezca darse cuenta alguna de ello ni le atribuya importancia alguna en un mundo en que la iniciativa personal es lo único que vale, sea esa iniciativa de la clase que sea, siempre que deje en paz la iniciativa de la clase que sea, siempre que deje en paz la iniciativa de los otros, sea ésta de la índole que sea.

Si la herida puede con todo y con todos y sus efectos no disminuyen sino que se mantienen y aumentan con el tiempo, no habrá salvación alguna para ti; salvación no sólo en cuanto a tu alma, que estará perdida y que en todo caso es de segunda importancia en el mundo en que vivimos, sino en cuanto todo tú; y ya podrás tener, en latencia, todas las virtudes y gracias que un hombre y un espíritu pueden reunir; o te servirán de nada y todo en ti será frustrado: el amor, el arte, la fortuna, la inteligencia. La herida se extenderá a todo ello. Si tu gente tiene dinero, llevarás una vida de acuerdo con el dinero que tiene; si tu gente es pobre o no tienes familia, más te valiera, infeliz, no haber nacido y harías bien, si tienes padres, en escupirles la cara, aunque es más que seguro que ya habrás hecho algo peor que eso. Puede suceder que la herida aparezca en tu adultez, espontáneamente, como ya te dije, o provocada por la vida, por una repetición mecánica, supongamos: el ir y venir, durante decenios, de tu casa al trabajo, del trabajo a tu casa, etcétera, etcétera, o el hacer, día tras día, a máquina o a mano, la misma faena: apretar la misma tuerca si eres obrero, lavar los mismos vidrios si eres mozo, o redactar o copiar el mismo oficio, la misma carta o la misma factura si eres oficinista. Empezará, a veces, con mucho disimulo, tal como suele aparecer, superficialmente, el cáncer, como una heridita en la mucosa de la nariz, de la boca o de los órganos genitales o como un granito o verruguita en cualquier milímetro cuadrado de la piel de tu cuerpo. No le haces caso al principio, aunque sientes que el camino entre tu casa y la oficina o taller es cada día más largo y más pesado; que los tranvías van cada vez más llenos de gente y que los autobuses son más brutalmente sus bocinas; tu pluma no escribe con la soltura de otros tiempos; la máquina de escribir tiene siempre la cinta rota y una tecla, ésta, levantada; el hilo de las tuercas está siempre gastado y tu jefe o patrón tiene cada día una cara más espantosa, como de hipopótamo o de caimán, y por otra parte notas que tu mujer ha envejecido y rezonga demasiado y tus hijos te molestan cada día más: gritan, pelean, discuten por idioteces, rompen los muebles ensucian los muros, piden dinero, llegan tarde a comer y no estudian lo suficiente. ¿Qué pasa? La herida se ha abierto, ha aparecido y podrá desaparecer o permanecer y prosperar; si desaparece, será llamada cansancio o neurastenia; si permanece y prospera, tendrá otros nombres y podrá llevarte al desorden o al vicio; alcoholismo, por ejemplo, al juego, a las mujerzuelas o al suicidio. Tú habrás oído hablar del cansancio de los metales y esta frase te habrá producido, seguramente, risa: ¿pueden sufrir tal cosa los metales y puede alguien imaginarse a un trozo de riel diciendo: estoy cansado? Asombra pensar que un trozo de hierro o acero termine por cansarse y ceder, pero si el hierro cede, si afloja el acero, ¿por qué han de resistir más los nervios, los músculos, los tendones, las células cerebrales, la sangre? Y eso que muy poca gente sabe hasta dónde es capaz de resistir el ser humano. ¿Qué resistencia tiene? A veces, mayor que la del más duro acero, y lo que es más admirable, algunos parecen soportar más mientras más endebles son y mientras más deleznable es su constitución.

Pero tú, amigo mío, eres sano, has sido creado como una vara de mimbre, elástica y firme, o como una de acero, flexible y compacta; no hay fallas en ti, no hay, heridas ni aparentes ni ocultas, y todas tus fuerzas, tus facultades, tus virtudes está intactas y se desarrollarán a su debido tiempo o se han desarrollado ya, y si alguna vez piensas en el porvenir y sientes temor, ese temor no tiene sino el fundamento que tienen todos los temores que experimentan los seres humanos que miran hacia el porvenir: la muerte; pero nadie se muere la víspera y el día llegará para todos y, hagas lo que hicieres también para ti. Hoy es un día de sol y de viento y un adolescente camina junto al mar; parece, como te decía hace un instante, caminar por un sendero trazado a orillas de un abismo. Si pasas junto a él y le miras, verás su rostro enflaquecido, su ropa manchada, sus zapatos gastados, su pelo largo y, sobre todo, su expresión de temor; no verás su herida, esa única herida que por ahora tiene, y podrás creer que es un vago, un ser que se niega a trabajar y espera vivir de lo que le den o de lo que consiga buena o malamente por ahí; pero no hay tal: no te pedirá nada y si le ofreces algo lo rechazará con una sonrisa, salvo que al ofrecérselo le mires y le hables de un modo que ni yo ni nadie podría explicarte, pues esa mirada y esa voz son indescriptibles e inexplicables. Y piensa que en este mismo momento hay, cerca de ti, muchos seres que tienen su misma apariencia de enfermos, enfermos de una herida real o imaginaria, aparente u oculta, pero herida al fin, profunda o superficial, de sordo o agudo dolor, sangrante o seca, de grandes o pequeños labios, que los limita, los empequeñece, los reduce y los inmoviliza).http://vitruvioyelcine.blogspot.com.es/